El clásico entre Rayados de Monterrey y Chivas de Guadalajara dejó más que un empate en el marcador: una vez más, la violencia entre aficionados opacó el espectáculo deportivo. Aunque dentro del estadio BBVA el ambiente se mantuvo en relativa calma, las escenas de agresión en los alrededores del inmueble confirmaron que la rivalidad entre ambas escuadras sigue desbordando los límites del fair play.
El partido, que terminó con un 1-1, estuvo marcado por la tensión en los minutos finales. La afición regiomontana celebraba el empate cuando el delantero Uroš Đurđević falló un penal decisivo, lo que desató la euforia de los seguidores rojiblancos y la frustración de los locales. Sin embargo, lo peor ocurrió fuera del estadio, donde un grupo de aficionados de Monterrey agredió brutalmente a un seguidor de Chivas, propinándole golpes y patadas mientras portaba la camiseta de su equipo. Las imágenes, que circularon rápidamente en redes sociales, mostraron una escena de salvajismo que no tiene cabida en el fútbol moderno.
Este incidente no es un hecho aislado. En los últimos años, los clásicos entre estos dos equipos han estado acompañados de episodios de violencia, tanto dentro como fuera de los estadios. La cercanía de los partidos de repechaje para el Mundial 2026, que se disputarán en el BBVA, debería ser un llamado de atención urgente para las autoridades de Nuevo León y el municipio de Monterrey. El estadio, que será sede de encuentros internacionales, no puede permitirse repetir escenas como las vividas este fin de semana.
La seguridad en los eventos deportivos debe ser una prioridad absoluta. Es necesario implementar protocolos más estrictos, como la identificación de aficionados con antecedentes violentos, el aumento de la presencia policial en zonas de alto riesgo y la colaboración con los clubes para promover campañas de concientización. Además, las sanciones para quienes incurran en actos vandálicos deben ser ejemplares, incluyendo la prohibición permanente de asistir a partidos y penas económicas severas.
El Mundial 2026 representa una oportunidad para que México demuestre al mundo su capacidad para organizar eventos de gran magnitud con orden y profesionalismo. Sin embargo, si no se toman medidas contundentes ahora, el riesgo de que la violencia empañe la fiesta del fútbol es real. Las autoridades, los clubes y la sociedad en su conjunto deben trabajar unidos para erradicar esta problemática antes de que sea demasiado tarde. El deporte debe unir, no dividir, y es responsabilidad de todos garantizar que así sea.


